lunes, 20 de julio de 2015

CONTENIDO (Y OBJETIVO) DE LA LLAMADA

“El hombre viene a la vida porque es amado, pensado y querido” por Dios. Porque ama, Dios Padre llama a la vida. Al llamar, saca a cada uno de la no-existencia. A cada uno conoce desde antes de nacer (Cf. Jer 1, 5). Porque es llamado, la vida es vocación. Es vocación a ser imagen del Hijo. Es, además, llamado a la santidad, porque Dios es Santo. Para que cada uno sea feliz, el Espíritu ama y enseña a amar. 

La vocaciónmisión es a construir el Reino. Asimismo, la llamada es única, singular, irrepetible y personal; es a cada uno. Estamos ante la dimensión humana o antropológica de la Vocación. La vocación de cada uno es, pues, un sueño- proyecto- propuesta de Dios Uno y Trino. Por un lado, el Padre Creador propone ser su imagen y semejanza. Por otro, cada uno, redimido por el Hijo Redentor, ha de aceptar la redención y colaborar a que ella llegue a otros. De ahí que creación y redención son dos polaridades de la vocación. La primera se realiza en la medida en que cada uno se vincula con el Creador y Redentor. La segunda se plasma cuando cada uno se vincula con su prójimo concreto. La primera lleva a la oración y a la contemplación, la segunda a la relación interpersonal activa y servicial.

 Así, cada persona redimida es colaboradora de la redención y del Redentor. Esta es la dimensión cristiana o bautismal de la Vocación. Esta misión es semejante y a la vez diferente para cada vocación eclesial. Todas están al servicio de la salvación, cada una, de una forma particular. Por ello, el despertar y el discernir de cada vocación sólo puede darse en comunidades vivas, dinámicas, articuladas y comprometidas con la salvación. En comunidades adormecidas, estáticas y envejecidas espiritualmente, difícilmente surjan vocaciones de especial consagración y de laicos comprometidos. 

La sociedad está en crisis porque la familia está en crisis. Descubrimos signos de muerte en las familias y en la sociedad. El profeta nos dice: “tu hijo está vivo”; la familia es llamada a la vida. San Pablo invita a testimoniar a Cristo con el amor matrimonial. Acercándonos a Jesús le escuchamos decir: “levántate”. El matrimonio es una de las vocaciones al servicio de la comunidad. Más que nunca, hemos de valorizarlo como signo del amor de Dios Creador y Redentor. 
Amedeo Cencini

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